jueves, 24 de febrero de 2011

Aliados de Alemania ¿Una oportunidad perdida?

Las operaciones militares alemanes entre 1943 y 1945 se vieron muy perjudicadas por la falta de infanteria. Los primeros problemas comenzaron antes, en 1942, cuando la Wehrmacht sufrió el primer revés serio de la guerra en la operación Tifón. Tras sufrir un millón de bajas, Keitel buscó apoyo entre los aliados alemanes, logrando 4 ejércitos: dos rumanos, uno italiano y otro húngaro.

Sobre el papel la cifra no es nada despreciable, los rumanos sumaban 260.000 hombres; los húngaros 209.000, y 235.000 los italianos. En 1942 la Wehrmacht sumaba 8.600.000 repartidos en varios frentes. A 1 de Mayo -junto antes de la operación Blau- el ejército alemán había recibido 1.100.000 remplazos, pero seguían 625.000 por debajo de la plantilla teórica. Según un informe del OKW, la plantilla del Grupo de Ejércitos Sur estaba al 50%, mientras que las de los otros dos al 35%.

Infantería rumana en 1941 (Bundesarchiv)

Sin embargo estas formaciones sufrieron auténticas debacles. Por ejemplo, en Stalingrado los italianos y rumanos, pobremente equipados, fueron arrollados por los soviéticos. Las divisiones apenas tenían medios de transporte y sobre todo la potencia de fuego era muy inferior a la de sus homologas alemanes. Los rumanos, tras sufrir grandes pérdidas en 1941, desconfiaban de sus homólogos alemanes hasta el punto de evitar aplicar lo que aprendían en cursos alemanes para oficiales.

Para hacernos una idea, una división rumana o húngara disponía de la mitad de artillería que una alemana. Con una mayor colaboración, Alemania podría haber equipado estas formaciones con mejor material. El ejército húngaro desplegado en Rusia disponía de una brigada aérea de 5.600 aviones, pero los alemanes sólo prometieron 12 aviones de reconocimiento de largo alcance: 6 He-111P, 3 Do-17 y 3 Ju-88D. Los rumanos tampoco recibieron mucho más: 6 He-111, 10 Bf-109, 3 Hurricanes y 3 Blenheim. La situación sólo comenzó a mejorar a finales de 1942, pero ya era demasiado tarde. Entre 1937 y 1944 Rumanía recibió 1.000 aviones (611 en 1943/44). Hungría recibió 1.724 (1037 en 1943/44).

Fuentes y enlaces de interés:

- German aircraft industry and production, 1933-1945, de Ferenc A.Vajda y Peter Dancey, Airlife Publishing (1998).
- Stopped at Stalingrad: Luftwaffe and Hitler's Defeat in the East, 1942-43, de J. Hayward, Modern War Studies (2001).
- http://www.axishistory.com/index.php?id=3633
- http://sturmvogel.orbat.com/romafv.html#Heading22
- http://www.worldwar2.ro/

martes, 22 de febrero de 2011

Stopped at Stalingrad

Ayer terminé de leer esta obra, muy conocida en círculos de aviación y considerada como un clásico sobre el tema. Terminada su lectura, puedo confirmar que en mi opinión es un excelente libro, aunque tenga algunos aspectos mejorables.

El autor ha hecho un gran esfuerzo de investigación y utiliza numerosas fuentes, tanto primarias (Bundesarchiv) como secundarias. Destaca el uso del diario de Von Richtoffen, uno de los principales protagonistas de la campaña de 1942 en la URSS. Esto permite dar al libro un hilo narrativo que no siempre se logra utilizando documentos originales.

El libro comienza con un repaso a las situación en el frente este en 1942, destacando los problemas alemanes (petróleo, falta de soldados y equipo) y las motivaciones de atacar el Caúcaso, donde la URSS disponía de pozos petroliferos de gran importancia. Antes de embarcarse en la operación “Blau” el autor narra con mucho detalle la toma de Sebastopol, vital para proteger el flanco alemán en caso de avance. Este capítulo me gustó mucho porque la toma de Sebastopol ha sido muy tratada en lo que se refiere a operaciones navales y aéreas. La coordinación entre Von Manstein y Von Richtoffen fue muy efectiva, y la caida de la fortaleza les cubrió de prestigio.

En los siguientes capítulos el autor decide separar las operaciones en el Caúcaso y las de Stalingrado para dar más claridad. Al principio no estaba muy convencido pero luego resultó ser muy práctico. En parte es lógico, ya que cuando la batalla en Stalingrado alcanzó su climax, apenas había unidades de la Luftwaffe en el Caúcaso. El autor destaca que Hitler sólo se obsesionó con la ciudad una vez quedó claro que la toma de los pozos petrolíferos era imposible, llegando a declarar públicamente que nada les echaría.de la ciudad del Volga.

Como es de esperar, el libro sigue con la Operación Urano y las tremendas consecuencias. Primero en rumanos e italianos, y posteriormente en los alemanes. Hayward es muy honesto en su análisis y recuerda problemas en la documentación a la hora de atribuir responsabilidades en lo referido al puente aéreo. La actitud de Paulus, Von Richtoffen, Hitler, Goering, Jeschonek y otros oficiales es minuciosamente analizada.

En esta parte del libro comienzan a surgir algunos problemas que podrían ser fácilmente mejorables. El principal es el referido a los mapas. Una y otra vez el autor se refiere al frente de “Chir”, en referencia al río, pero los mapas son completamente inadecuados. No es fácil entender cómo los soviéticos van cerrando la bolsa y tomando bases con los mapas y diagramas expuestos en el libro.

La parte final de la obra se centra en los esfuerzos de Von Manstein para llegar a los cercados y la organización del puente aéreo. Todo ello está muy detallado, con gran cantidad de cifras y datos. Los errores y dificultades de abastecer la enorme cantidad de tropas es tratada con mucho detalle, analizando qué suministros hacían falta, la disponibilidad de aviones, las bases a utilizar, cantidad de toneladas, medidas tomadas dentro de la bolsa… quizás se podría haber añadido algún apéndice con más información como las toneladas de suministros diarios durante todo el puente aéreo..

El apartado de las conclusiones es bastante largo, y el autor explica cómo Von Richtoffen pedo ir reconstruyendo sus unidades a medida que fracasaba el puente aéreo. Está bien que el autor explique la importancia de operar desde bases bien preparadas y pertrechadas, algo que se suele olvidar en muchas obras técnicas.

Fuentes y enlaces de interés:

- Stopped at Stalingrad: Luftwaffe and Hitler's Defeat in the East, 1942-43, de J. Hayward, Modern War Studies, 2001.

lunes, 14 de febrero de 2011

Lecciones japonesas tras Khalkin Gol

Las relaciones entre la URSS y Japón en la primera mitad del siglo XX siempre fueron tensas. Ambas naciones querían una esfera de influencia en el Extremo Oriente y los conflictos de intereses habían causado muchos incidentes y conflictos. El más grave fue la guerra de 1904-05, considerada como el 1898 ruso. En este conflicto la flota rusa fue derrotada por la japonesa en varias batallas. Esto se convertía en un hito porque era la primera vez que un país asiático derrotaba a una potencia europea de primer orden. Como consecuencia Rusia reconoció Corea como parte del imperio japones y evacuó Mongolia. 


La política japonesa de expansión en los años volvería a chocar con los rusos, esta vez bajo la URSS. Los japoneses controlaban un estado títere en Manchuria conocido como Manchukuo. Este bordeaba con Mongolia, un satélite de la URSS. La frontera no estaba muy clara y hubo muchos incidentes. El más importante antes de la SGM fue el de Khalkin Kol. Más que un incidente fue una batalla, con uso en grandes cantidades de aviación y tropas terrestres. Los soviéticos, al mando de un todavía desconocido Zhukov, cercaron y destruyeron una división de infantería completa. Tras la clara derrota Japón se vio obligado a firmar un tratado de no agresión con la URSS (armisticio de Nomonhan) y evitar incidentes en la frontera. Se ordenó a las tropas que posicionarse detrás de las zonas que estaban poco claras, y si antes se animaba a realizar ataques sorpresa, incursiones y golpes de mano, ahora se prohibía. Si los soviéticos lanzaban un ataque, cualquier contrataque debía ser autorizado por el comandante del ejército de Kwantung. 

 
Soldados japoneses posando con material soviético capturado (www.waralbum.ru) 

El ejército japonés creo un comité para investigar la conducta de ambos ejércitos. Básicamente los japoneses se habían visto sorprendidos por la potencia de fuego del ejército soviético, algo normal porque los japoneses no habían sufrido la carniceria de la Primera Guerra Mundial. Entre las lecciones se destacó que: 

a) La mayoría del ejército soviético –artillería y tanques- era muy superior en mecanización y potencia de fuego comparado al ejército japonés. 
b) Los japoneses se sorprendieron mucho de la capacidad logística de los soviéticos. La línea de tren más próxima estaba a 600kms. 
c) Tras haberse liberado de la rigidez del ejército zarista, el ejército soviético se mostró capaz de cambiar las tácticas con rapidez. Por ejemplo, al comienzo de la batalla casi todos los tanques soviéticos fueron incendiados con cócteles Molotov. Un mes después cambiaron de combustible e instalaron alambradas en los carros. 
d) El ejército soviético se mostró más tenaz de lo esperado. 

En el seno del ejército japonés hubo un debate intenso porque la potencia de fuego japonesa se había mostrado muy inferior. Se discutieron varias medidas, como una completa reorganización del ejército o simplemente reforzar la potencia de fuego. Finalmente se escogió la segunda opción. Entre los principales problemas estaba el hecho de que se seguía haciendo hincapié en los combates cuerpo a cuerpo y la superioridad espiritual del soldado japonés. En cualquier caso, la idea de una expansión en el norte de Manchuria fue desechada y se optó por una en el sudeste asiático, donde la potente flota japonesa tendría más importancia. 

Fuentes y enlaces de interés: