El pasado 13 de febrero falleció en Madrid Alberto Oliart, ministro de defensa de España entre 1981 y 1982. Pese a que su paso fue breve, le tocó lidiar con el juicio tras el intento golpe de estado del 23 de febrero.
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Alberto Oliart (EFE).
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El diario El País ha publicado una entrevista realizada con motivo del 20° aniversario del 23F, y deja algunas anécdotas bien interesantes. A continuación un extracto.
P. Ese día hay varios golpes en marcha.
R. Hay confusión entre los protagonistas sobre qué golpe es el que hay que dar. El golpe de Armada era una presión militar para que las Cortes eligieran un gobierno de concentración presidido por él mismo. En cambio, lo que Tejero y Milans tenían en la cabeza era una junta militar pura y dura. Se habla también, aunque no tengo más datos que lo que me contaron los servicios de información siendo ministro, de un grupo de coroneles y tenientes coroneles que pensaban en una dictadura o un gobierno civil vigilado por el Ejército, pero ese grupo no apareció el 23-F.
P. Quizá por eso, algunos dudaron si ése era su golpe.
R. Es posible que al recibir el manifiesto de Milans hubiera algún desconcierto, pero lo que es definitivo es cuando el Rey empieza a llamar a los tenientes generales. En esas conversaciones queda clara la orden: Aquí no se mueve nadie. Había que tener mucho tiento, con el Congreso ocupado por un hombre como Tejero y 200 guardias civiles con metralletas. A mí me contaron mis ayudantes, el que luego fue el general Escrivá y el coronel Bardají, que lo que más les preocupó es que vieron ir hacia las Cortes grupos de civiles armados, a los que desarmó el cordón de seguridad que puso el general Aramburu [director de la Guardia Civil]. Entre ellos podían estar los de [la matanza de] Atocha. Si esa gente entra, a lo mejor nos mata a unos cuantos para decir: ahora aquí ya hay sangre y no tiene vuelta atrás.
P. Si la División Acorazada sale, la situación habría cambiado.
R. Hubiera podido ser muy grave. Ya al oír los tiros del Congreso por la radio, el teniente coronel Manglano, jefe de Estado Mayor de la Brigada Paracaidista, con quien siempre estará en deuda la democracia española, ha parado la salida de paseo, ha arrestado a un teniente coronel dudoso, ha llamado al general Gabeiras [jefe del Estado Mayor del Ejército] y a la Zarzuela y ha dicho: la Brigada está armada y dispuesta para lo que sea. Y Víctor Lago, que manda los boinas verdes en Madrid, le dice a Quintana [capitán general de Madrid]: tengo listos 300 hombres que en la calle paran a cualquier carro de combate. Y en Valencia, el coronel de aviación que manda Manises, llama a Ibáñez Inglés [el ayudante de Milans] y le pregunta qué hacen unos carros de combate camino de su base. 'Son para protegerla', le dice Ibáñez Inglés. 'Pues te advierto que, como anden un kilómetro más, tengo un Mirage en pista y otros dos preparados que salen y de tus carros de combate no dejan ni los restos'. Y lo hubiera hecho. La guerra civil no era posible, pero podían haber ocurrido cosas, claro.
Fuentes y enlaces de interés:
- https://elpais.com/espana/2021-02-13/muere-alberto-oliart
- https://elpais.com/diario/entrevista