lunes, 23 de noviembre de 2015

Mi abuelo en la Guerra Civil Española

Una de las cosas que me gustan del Reino Unido es que como país cuida mucho su historia. Y no olvida a nadie. En todos los pueblos se pueden encontrar monumentos a los vecinos que cayeron en todas las guerras desde 1914. Con motivo del centenario de la Gran Guerra, se organizaron exposiciones donde personas hablaban de sus familiares en la guerra.

Todo esto me ha animado a contar la historia de mi abuelo, soldado de infantería en la Guerra Civil Española. Este relato no pretende ser una investigación exhaustiva sobre el conflicto, sino ofrecer una visión de aquel trágico suceso a través de los ojos de un simple soldado de 19 años. Es muy probable que haya imprecisiones; cuando hablé del tema con él ya habían pasado muchos años. He añadido algunas fotos de sus archivos para ilustrar el relato. Se pueden agrandar haciendo click en ellas.

Mi abuelo nació en noviembre de 1917 en un pueblo de Cantabria, en el norte de España. Su familia se dedicaba al ganado y la agricultura. Su juventud no fue muy diferente a la de otras personas de la época. El colegio se compaginaba con el trabajo de casa, ayudando a tender el ganado y mantener los terrenos. Todo esto dejaba poco tiempo libre, y nunca se involucró en política.

El 18 de julio se produce en España el alzamiento. La provincia de Santander siempre ha sido conservadora, pero la guarnición de Santoña permanece al lado de la república y es determinante para mantener el control de la región. Casi todo el norte del país queda bajo el control de la república.

Nada más empezar la guerra se llevó su primer gran susto. El comienzo de la guerra coincidió con la romería del pueblo. La política no le interesaba demasiado, pero la romería sí. Como no encontraba a nadie que quisiera ir terminó yendo con un vecino que era de derechas. Cuando les vieron alguien le dijo a la policía que les detuviesen porque eran facciosos. Por suerte otros vecinos intervinieron y dijeron a la patrulla que para hacer detenciones, ya estaban ellos (1).

 Castellón 7-10-1939. Todas las fotos de carnet son de la posguerra.

Al haber nacido en 1917, era de la quinta del 38. Sí que fue llamado a filas antes, pero evitó el servicio porque estaba empleado en la industria de guerra como tornero. Trabajaba en un taller fabricando ¿liografos? de cobre y picos. Además su hermano mayor, nació en 1915, ya había sido movilizado.

En 1937 los nacionales conquistan la cornisa norte de España. Primero cae Guipúzcoa y Bilbao. Posteriormente se avanza hacia Santander, entrando en la ciudad el 26 de agosto (2). Como precaución mi abuelo decidió romper un carnet de UGT (sindicato), por si le preguntaban. Se había dado de alta porque a los afiliados les subían un poco el sueldo.

El 10 de octubre fue llamado a filas. Antes de mandarle al frente pasó dos meses y medio en Solares y Santander (colegio Menéndez Pelayo). Los desplazamientos eran en un tren de pasajeros. Si recuerdo bien había antiguos soldados republicanos que instruían en el uso de armamento, pero estaban muy controlados por si robaban o saboteaban. Fue asignado a la compañía de ametralladoras del 11 Batallón, perteneciente al Regimiento de Infantería 23 “América”. El comandante de la compañía era el capitán provisional Manuel Ibañez Rodriguez. El del batallón el capitán accidental Pedro Huertas del Pino.

Tras la instrucción marchó a Pamplona. Aquí dice que ya se oían disparos, pero mi impresión es que el frente todavía quedaba a cierta distancia. En la ciudad le llamó la atención la cantidad de peleas entre moros y legionarios. Estos últimos gritaban el famoso “A mí la legión” para que los compañeros le ayudasen. De los navarros siempre tuvo un buen recuerdo, decía que eran gente muy buena y simpática. Allí conoció a un cocinero que era capaz de lanzar al aire una tortilla, girarse la vuelta entera y volver a coger la tortilla con la sartén. Nunca se le cayó, para chasco de mi abuelo. 

 Delante de un café, fecha desconocida.

Según sus archivos personales, el Regimiento salió hacia el frente de Huesca. El regimiento estaba integrado en la 3° División Navarra. Por lo que contaba en la división había un Tercio de requetés, un tabor de regulares y un batallón de ametralladoras. Luego busqué más detalles y no era así. En la guerra hubo muchos cambios en las plantillas, por lo que es difícil detallar la estructura.

Durante el avance había poco agua que beber. Les daban vino con chocolate (un vaso). A uno casi le matan porque se acercó a una arrollo y le dispararon 3 veces. Entonces hubo que esperar a la noche para beber; esa agua le supo mejor que la cerveza, la mejor de su vida. 

Nunca dio detalles específicos sobre donde combatió, sólo que en la Bolsa de Bielsa. Había una posición que tomaban por la noche y de día la perdían. Recordaba que veía pasar los aviones a baja altura pensando “la que se va a liar”

Hubo varias ocasiones en las que pasó mucho miedo. Una vez se perdió con varios compañeros y una mula porque había mucha niebla, y aparecieron en tierra de nadie. Por suerte pudieron dar la vuelta y encontrar el camino. En otras ocasión coincidió que hubo un par de deserciones cuando estaban en una situación vulnerable (falta de soldados si recuerdo bien). Y “en Sabiñánigo con el arma en vilo porque no había batallón de cobertura”.

Puente de Sabiñanigo, 6-1-1938

Una anécdota que me contó muchas veces fue la de un compañero de su unidad. Estaba de guardia y debía de ser un día con poca visibilidad. En cierto momento se tumbó a tierra en la trinchera diciendo que había visto a 40 hombres, cuando en realidad no había nadie. El oficial estaba al lado suyo y le decía al soldado “Venga, al puesto”, mientras le levantaba por el pescuezo. El pobre hombre medio llorando le decía “es que yo no tengo valor mi capitán”.

Merece la pena destacar que el invierno de 1937/38 fue durísimo, uno de los más fríos de los 30. Años después recordaba como después de lavarse la cabeza, se peinaba y ya le aparecía escarcha. Tampoco había ninguna comodidad. Para hacernos una idea, le tocaba dormir en sitios que eran como las obras de un parking subterráneo donde había llovido. 

Sobre el armamento que utilizaba pude hablar bastante. Primero utilizaron unas ametralladoras alemanas, “pesaban menos que un bolígrafo”, “ligeras como un lápiz”, pero la uña extractora se rompía. Creo que la intentaron soldar pero no dio resultado. Su opinión general era que “no valía ni para tomar por el culo”.

De las armas rusas tuvo mucha mejor opinión. Eran pesadas -¡más que él!, pero muy seguras. Se montaban sobre un trípode y la dotación era de cinco personas: 3 llevaban munición, el cabo disparaba, y otro utilizaba un fusil para proteger. La refrigeración era por agua, y el caldero también se utilizaba para hervir el agua y matar piojos. La munición era en una caja de chapa con una cinta. El calibre era de fusil. Él era uno de los cargadores.

Hace tiempo busqué información sobre estas ametralladoras. La “alemana” podría ser la MG 13 Dreyse. También podría ser una Bergmann MG15 o incluso una Carcano de 6.5mm. Para la “rusa” hay varios candidatos. Él puede que se refiriese al modelo como ruso porque fueron capturadas a la república, pero no tiene porqué venir de la URSS. Hay varios modelos: la Schwarzlose mod.07/1 austriaca, la MG.08 alemana, Fiat Revelli 1914 italiana, y la Maxim 1910 soviética. La siguiente foto muestra un par de modelos.

Compañía de ametralladoras del 11 Batallón junto al puente de Sabiñanigo, 12-2-1938. A destacar los modelos de ametralladoras y la bandera en el fondo de la foto. 

En una ocasión una ametralladora casi le cuesta un buen disgusto. Estaba haciendo alguna tarea de mantenimiento en una. Las balas deberían haber sido retiradas, pero alguien dejó un par de ellas. Al apretar el gatillo el arma se disparó y casi mata a dos italianos que estaban jugando a las cartas. 

Como es de esperar, no les hizo mucha gracia… supongo que sería una de las razones por las que siempre bromeaba sobre las “aptitudes” de los italianos. “No servían para nada, sólo para dejar embarazadas en cada esquina”. “No tenían lo que hay que tener”.

Otra arma de la que me habló fueron los morteros. En su unidad había sección de 81mm y otros más ligeros, conocidos como “criminales”, ya que perdían velocidad y caían verticalmente. En una prueba con un mortero de 81mm hubo un accidente al fallar la espoleta. Varios trozos de uno le alcanzaron la pierna. Rápidamente el oficial le mandó al río para que se limpiase con la ayuda de un compañero.

En Bielsa redujeron la bolsa “hasta que quedaron 12 milicianos”. Muchos se pasaron a Francia. De estas batallas guardaba una excelente impresión de los soldados moros. “había 8 y parecía que eran 80”. Tomaron peña Escabia y peña Juliana. A algunos soldados les pillaron jugando a las cartas.

 Foto tomada en la cota 1.062, marzo de 1938. A destacar el casco del soldado.

Parece que en su unidad los moros también se dedicaban a vender cosas para sacar algo de dinero. Una vez le pidió a uno si podía darle algo de salchichón, que tenía mucha hambre. El moro le respondió que si no tenía dinero, nada de nada. Desde entonces le pilló manía al salchichón; y al pan duro, que era lo que le daban.

En otra ocasión, varios robaron una botella de anís a un moro, que estaba de espaldas. Este llamó al capitán de otro batallón y le dijo: “Me han robado una botella de anís y han sido estos”. Luego el oficial les decía a los soldados: “Pero hombre, como se os ocurre robar a un moro ¿No veis que tienen un ojo en la espalda?”

El escribir a casa era algo muy importante. Además de la familia y amigos tenía dos madrinas. Una de ellas era de Galicia. En una mañana podía escribir 4 cartas con un plato de mesa y el periódico. Dos de las cartas eran para amigos, otra para su familia y otra para una madrina. Una de las madrinas escribía tanto que a veces se quedaba sin papel y seguía en el sobre.


Fotos tomandas en el puente de Sabiñanigo, 6-1-1938.

Merece la pena recordar que por aquella época no todo el mundo sabía escribir, por lo que también escribía las cartas para algunos que eran analfabetos. A veces le tocaba escribir a la novia de alguno. Cuando preguntaba lo que querían contar, le decían “¡Pon lo que quieras!”. En otra ocasión cuando terminó de escribir la carta para uno otro se la quitó de las manos para enviársela a la suya. La verdad es que siempre sintió pena por ellos, “pobres diablos” decía. Otros en cambio eran bastante más cabrones y escribían barbaridades, como peticiones de boda, para la cual ya estaba todo organizado, con vacas para regalar y todo.

La disciplina en su unidad era dura. Alguna vez me comentó que los oficiales podían dar una orden con la pistola en mano y amenazando (por haber entrado en una finca a recoger fruta de árboles). Con los permisos eran algo flexibles porque en aquella época tardabas varios días en llegar a casa. Cuando tenía uno podía añadir un par de días extraoficiales sin demasiados problemas. Un compañero suyo andaluz añadió un par de semanas y al volver le mandaron a alguna unidad especial o de castigo. Recuerda que lloraba de manera desconsolada. 

A uno de sus oficiales le recordaba por el nombre. Se llamaba José Rodríguez, y era de Monforte de Lemos, Galicia. Tenía una hermana muy guapa, Concepción -Conchita-. El día de la Purísima, santo de la hermana, le compró un brazalete, y le dijo a mi abuelo que lo enviase, pero no quería por si se perdía. Al final fueron los 2 y no llegó el paquete, y eso que tenía resguardo. Menos mal que no lo hizo él solo porque podría haber pensado que lo había robado o hecho mal. 

Cuando volvió a casa algunos casi ni le reconocían por lo delgado que estaba. Un vecino al que paró a saludar antes de llegar a casa le abrazó y levantó como si fuese un niño. Volver a la rutina era complicado después del frente. Según sus hermanos no le gustaba comer en la mesa ni dormir en la cama; en pocas palabras “vino raro”

Cuando le pregunté simplemente me dijo que cuesta acostumbrarse porque estas todo el día durmiendo y comiendo en el suelo, aunque puede ser porque una vez comiendo le cayó una granada cerca, matando a varios compañeros. Esto lo supe por sus hermanos.

 Iglesia destruida en Sobás, 28-5-1938.

En el frente también había periodos de mucho aburrimiento, en el que se estaba en una posición sin nada que hacer. Las bromas eran comunes. Una de ellas consistía en colgar un trozo de carne de cerdo junto a la entrada de un cobertizo, de tal manera que la carne te golpeaba la cara al entrar. La broma no sería tan graciosa si no fuera por los moros, a quienes les resultaba muy ofensiva. Alguno hasta se revolcó por el suelo mientras juraba en hebreo y arameo.

Tras Bielsa salió hacia Teruel el 25 de junio (San Juan), donde llegó el 7 de julio. Al terminar la guerra fue de Requena a Murcia, pasando por Albacete. Como veterano le correspondieron la medalla de campaña, la cruz roja y una cruz de guerra. Cuando me lo contó bromeaba porque ninguna estaba pensionada, así que de poco servían. 

Los del primer semestre de su quinta tuvieron suerte, porque los desmovilizaron a los pocos días. A los del segundo semestre: "primero pasaron unos días, luego unas semanas, luego unos meses… y así hasta veintidós meses"

El final de la guerra motiva varios cambios en la estructura del ejército, y muchas unidades son disueltas. El 12 de septiembre pasó al Regimiento de Infantería 24 “Bailén”, pero este es disuelto y a finales de septiembre pasa al Regimiento de Infantería 10, de nueva creación. En estos meses se dedica a tareas de vigilancia y seguridad en la provincia de Castellón. 

Foto tomada en las fiestas de San Blas, 8-5-1940.

El 3 de febrero de 1940 su unidad marcha al destacamento de Burriana, donde presta servicio de vigilancia y custodia de cárceles. En julio pasa a la compañía de ametralladoras del 1° Batallón, en Castellón de la Plana. De este periodo nunca habló demasiado, no debía de ser agradable vigilar a presos en aquella época. En cambio Burriana le pareció un sitio estupendo, y volvió de visita muchos años después. 

Otro buen recuerdo fue poder ir a un concierto de Concha Piquer. Los soldados entraban gratis así que había más militares que público. Algunos de los soldados debían de estar de guardia, por lo que al día siguiente hubo una bonita discusión en la unidad.

Playa Malvarrosa, Valencia. Una curiosidad, los bañadores son alquilados.

En febrero de 1941 se produce un enorme incendio en Santander. Se enteró por un periódico que tenía un oficial. Este lo intentó esconder para que antes hablase con su familia, a ver si estaban todos bien, pero mi abuelo lo cogió y lo leyó entero.

Con varios compañeros, fecha desconocida.

Curiosamente, cuando Alemania invadió la URSS se pidieron voluntarios para ir a luchar a Rusia. Él no fue porque ya había tenido suficiente y no se le había perdido nada allí, pero un compañero suyo firmó. Intentó hablar con él para convencerle de que no fuera, porque allí no era sólo la guerra sino también el clima, pero terminó yendo. Parece que tenía problemas personales y se quería marchar. 

El 28 de noviembre es licenciado y vuelve a Cantabria. Hasta 1955 seguiría en la reserva en el Regimiento de Infantería 23 “Valencia”, basado en Santander. 

Con esto termina el relato. Agradecería cualquier detalle sobre la campaña, armamento, informaciones de familiares, anécdotas etc etc. No existe demasiada información en internet sobre el tema.

Fuentes y enlaces de interés:

Me gustaría agradecer a varios miembros del foro El Gran Capitán su ayuda con este tema, en especial a Mencey, que me ayudó a encontrar la documentación y posteriormente con las fotografías/datos. 

- Las fichas personales de militares que sirvieron en la guerra se pueden encontrar en diferentes archivos del ejército. En el caso de mi abuelo es el de Guadalajara.
- https://es.wikipedia.org/wiki/Bolsa_de_Bielsa
- http://barcelonahistoriasdeltiempo.blogspot.co.uk/invierno-1937-38-marcado-por-la-guerra.html

Notas:

(1) Esto sin duda que le salvó de un buen problema porque muchos eran llevados a un barco-prisión en Santander. Posteriormente muchos presos murieron linchados porque una muchedumbre entró en el barco buscando venganza tras un bombardeo del barrio obrero por la fuerza aérea franquista. Curiosamente, un familiar de mi abuela se salvó escondiéndose en la chimenea.

(2) Esto dejó más anécdotas en la familia de mi abuela, protagonizadas por italianos.  

Apéndice 1: Documentos

He hecho copias de algunos documentos que guardaba. Siempre es curioso leer las cartas y  documentos de la época.




19 comentarios:

  1. Extraordinario relato Alejandro.

    Mi abuelo materno sirvió en las filas de la República y él siempre criticaba el lío logístico de las municiones. Se enviaban municiones diferentes para lo que requerían las armas que tenían en el frente y en el frente siempre sospecharon de quintacolumnistas. Mi otro abuelo, el paterno, estuvo en organizaciones sindicales pero apenas puedo hablar de él porque falleció cuando yo era muy pequeño. Saludos.

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  2. Genial entrada. Muy interesante. A mi abuelo paterno le pilló haciendo el servicio militar en Lepanto, luchó con el bando nacional. Murió siendo yo aún pequeño y casi no lo recuerdo, pero mi abuela y mi padre siempre me contaron algunas anécdotas, como cuando unas fiebres altas durante la batalla del Ebro le libraron de tener que bajar a por agua al río y un francotirador mató al soldado que fue en su lugar, por lo visto eran grandes amigos. O una historia sobre un cajón lleno de dinero (mucho dinero) hallado en un caserío abandonado y la posterior juerga de alcohol y señoritas de compañía que se corrieron él y sus compañeros de unidad. En fin, batallitas del abuelo, jejeje. Un saludo.

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  3. Mi abuelo también fue combatiente (curiosamente era cántabro y sirviente de ametralladora al igual que el tuyo) y sus anécdotas era muy similares: moros de bajas pasiones que tiran de gumia; hambre con H de heroísmo (había gente que llegó a pastar para calmar el hambre), mala opinión de los italianos en combate; piojos como ratones; los pocos alemanes que vio parecían aristócratas, gentes de calidad...

    Algunas de las más comentadas a los nietos eran:
    - Al comienzo de la guerra estuvo en el bando republicando, luego pasó a un campo de prisioneros y finalmente enrolado a la fuerza en el bando nacional al no tener militancia política o sindical conocida. Era muy frecuente que dentro del bando nacional muchos tuvieran simpatías republicanas, pero por pragmatismo se resignaban, había más armas, comida, organización,…cosas que escaseaban cuando luchó en el bando gubernamental. Cuando llegaba un compañero nuevo y alguien lo presentaba se aseguraban de qué pie cojeaba, si era abiertamente de derecha se cuidaban de hablar delante de él por si acaso. Tenían unos apodos en clave para estos temas, pero no los recuerdo.
    - Pueblo en Aragón, bombardeo previo al asalto, primer cañonazo acierta en la torre de la iglesia y manda la campana a esparragar mientras va sonando por el aire. Carcajada generalizada.
    - Vivaqueando cogen leña para las cocinas, les sale un gitano con una navaja y no les deja porque es suya, salen corriendo (ojo, tropas de choque de Regulares) y se chivan al oficial al cargo, se presenta un capitán, el gitano, el pobre hombre se hace un lío porque la zona cambió varias veces de manos y para congraciarse saluda...¡¡ puño en alto !!....le caen cuatro guantazos y se llevan la leña.
    - Pueblo recién tomado, mi abuelo se pone a buscar víveres en unas despensa y escondido detrás de unos sacos un guardia de asalto...resulta que es de Santander...paisano pues ... oye qué se le va a hacer, entre los compañeros se le consiguen ropas de civil y se le ayuda a escapar por la noche. Porque dio con uno de San Vicente de la Barquera, si no a saber qué le hubiera pasado al pobre hombre.
    - Escaramuza, los moros bajan a la tierra de nadie una vez cesa el fuego a saquear cadáveres sin miramientos de bando, el grupo de mi abuelo - que no los puede ni ver en pintura pese a estar en el mismo bando - les tira una ráfaga para echar una risas, las balas pasan silbando entre los moros que huyen dejando el botín. Los tenían, por ladrones, violadores, traicioneros…los detestaba, cuando veían un marroquí vendiendo alfombras, que era muy frecuente en los pueblos de Cantabria en los 80´s se encendía.

    - En tres años sólo estuvo de visita en casa una vez, con mujer y niño de corta edad. Y es que a mi abuelo le pilló la guerra entrado en años, pasaba de los 30, edad respetable para aquel entonces. Cayó herido dos veces, la de mayor gravedad en el Ebro.

    Pueden parecer anécdotas de la guerra de Gila, pero aquello fue cualquier cosa menos una broma, si le tirábamos mucho de la lengua llegaba a llorar y por la noche sufría pesadillas y hablaba en sueños.
    Cuando había elecciones y en los programas los tertulianos se encendían con reproches y acusaciones subiendo el tono del debate, se asustaba mucho, era un hombre sencillo, pensaba que iba a haber otra guerra.

    En fin, que no vuelva otra vez la guerra entre hermanos.

    Un saludo
    Hornblower

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  4. Perdón se me olvidó.

    Añadir a lo anterior, sobre la crueldad de la Guerra de España, que cuando se veían en telediario imágenes de conflictos, sobre todo de la Guerra de Yugoslavia y todo el mundo se estremecía al ver cadáveres desmembrados y charcos de sangre (recuerdo aquellos mercados alcanzados por morteros en Sarajevo) él siempre decía que la nuestra fue mucho peor.

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  5. Gracias por los mensajes. La mayoría de las veces el pueblo contaba mucho más que la política para elegir bando. Si el tuyo quedaba en la zona republicana preferías estar en el ejército republicano y viceversa,

    A los moros les gastaban bromas muy macabras. Les decían que si morían en España resucitaban en Marruecos. Luego cuando algunos volvían de permiso les preguntaban si habían visto a algunos de los caidos.

    Hornblower, yo también oí comentarios de ese tipo cuando la guerra de Yugoslavia. Otras diferencias es que habían cascos azules y ayuda humanitaria.

    Saludos.

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    1. Será de las pocas personas que oigo hablar bien de los Navarros en la guerra civil.
      Siempre he escuchado comentarios no muy agradables sobre los famosos requetés de Navarra.

      También sabía de las reyertas con los moros, pero más bien con los Carlistas que con los Legionarios. por aquello de la religión será.
      Ya sabes que los Carlistas eran más clericales y los Falangistas más tirando hacia el ejército o hacia el Nacionalsindicalismo.

      Saludos.

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  6. ¿Alguien puede identificar las ametralladoras de la cuarta foto y el casco de la quinta? Gracias.

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    1. Hola Alejandro, el caso tiene todo la pinta de ser casi seguro un Adrian frances y las ametralladoras la primera por la izquierda parece una mg-08 con ese clasico platillo en el cañon y las otras pueden ser o bien algun modelo de hotchkiss o alguna maxim-tokarev capturada (no confundir con la maxin 1910-30 tan empleada por los sovieticos).
      Saludos.

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  7. Vaya, que buena historia : )

    Me encantaría saber tanto de mis abuelos y abuelas en la guerra divil, de mis dos abuelos (los dos en el bando republicano) solo se que uno lucho en Teruel y en la batalla del Ebro. De la batalla solo contó alguna vez la retirada a toda prisa, que cruzaron el río como pudieron y que gente que no sabía nadar se cogía a gente que iba nadando como podía, los arrastraban al fondo y hubo quien se libró del pasajero a cuchilladas para no ahogarse. Él parece que tenía la cabeza más fría y ya que salían por patas se tomó unos minutos para entrar a una planta de leche condensada y llenó la ambulancia donde servía hasta los topes, durante la retirada (bastante penosa) se ve que tuvieron leche condensada y en polvo para dar y tomar y que la aburrió. Lo de dar es en sentido literal, contaba que muchíiisima gente apretó a correr con lo puesto y no llevaba NADA que poder comer.

    Como anécdota divertida, un tio-abuelo mío se quería pasar a los nacionales porque decían que allí se comía bien y porque no le gustaban los comunistas (supongo que también porque vió que iban a perder, era muy espabilado este tío). Le dijo a su compañero una noche que ala, que iban a pasarse, el compañero (amigo del pueblo) que no, que se pasase él y que él se quedaba, que no se atrevía; mi tío abuelo le dijo que de eso nanay, que si se iba él le dispararía por la espalda para que no le dijesen que le dejó pasarse, le agarró, cruzaron la tierra de nadie y llegaron con los nacionales. El amigo se había cagado en los pantalones en el trayecto.

    Un saludo,
    Djiaux.

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  8. Hola Alejandro. Muy interesante la historia de tu abuelo y las fotos que aportas.

    Contar las historias de mis abuelos y mi tío abuelo seria largo y tendría que prepararlo. Todos sirvieron en el Ejército de la República, ya que el norte de Madrid se mantuvo en manos gubernamentales toda la guerra.

    En relacion a los comentarios de Hornblower sobre las tropas moras comentarte que desde la óptica republicana según me comentaba mi tío abuelo les tenían especial odio. Moro que capturaban moro que mataban si es posible con arma blanca para no gastar municion y haciéndole sufrir. Me decía que los moros eran muy buenos tiradores. Al igual que se comenta aquí, cuando mi tio abuelo veía un Moro en los años 80 y 90 se le encendían los ojos.

    Saludos

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  9. Aunque parezca una tontería además de interesante por contarnos la forma de vida en aquel periodo de tiempo, es valiente porque aún queda mucha gente que no ve más allá de bandos y odios, buenos y malos.
    Por mi parte, cada uno de mis abuelos luchó en un bando. A ninguno de los dos les gustaba hablar del tema pero los dos coincidían en lo malo que son las guerras.
    Lástima que aún haya gente que no sea consciente de ello.

    Un saludo

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  10. Mis dos abuelos lucharon en con los nacionales pero ni uno ni otro hablaban de la guerra. De lo poco que me he enterado;
    A ambos les pilló la guerra maduritos. Uno era policía pero como no quiso estar entre los que se encargaban de la represión luego no ascendió a comisario. El incio de la guerra le tocó en la zona republicana pero pronto donde vivía fue conquistado por los nacionales. Así que en un primer momento le detuvieron y cuando le ofercieron confesión se asústó mucho porque pensaba que le iban a fusilar. Como algo de derecho sabía alegó que lo que había hecho durante el periodo en que estuvo en la zona roja había sido por orden superior y que no le podían acusar de nada. Por tanto fue rehabilitado y reincorporado a la policía pero ............ al final algo quedó en el expediente que no ascendió como otros.
    El otro era chófer y de hecho había hecho la mili en las tropas de automoción. De la mili contaba que para comprobar que sabían de mecánica les hacían poner en marcha un motor y cuando iba a ello el que salia le chivó lo que había que hacer.
    Más tarde al iniciarse la guerra estuvo pasando entre una y otra zona y en la republicana vio a un amigo suyo que era zapatero que le habían hecho capitán y en la zona nacional vió entrar en un pueblo a los soldados a toque de cornetín. Así que tuvo claro quien iba a ganar la guerra. Un hermano suyo, que además era el heredero del caserio se había ido a unirse a las tropas republicanas, mi abuelo pasó a la zona republicana para convencer a su hermano (que era mayor que el) que se dejara de historias y volviera al caserio. Y lo convenció.
    En aquellos años saber conducir no era tan normal como ahora y le reclutaron y le hicieron chofer del director de una fábrica de armamento. El director también estaba asimilado a militar.
    La anécdota es que una vez entrando en Logroño vieron como descargaban muertos de un camión (fusilados) y el director y mi abuelo se asustaron mucho. El director le djo a mi abuelo; "vamonos de aqui no sea que estos se mosqueen".
    Una vez, y creo que fue la única que me contó algo, dijo que en cierta ocasión iban en convoy por la noche llevando tropas en camiones y los republicanos tiraban con artillería. Le dijeron que apagara los faros pero el se negó porque peor que les tiraran era si tenían un accidente de tráfico.

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  11. Hola dani, gracias por el comentario.

    La historia del peluquero me ha recordado a la película "La Vaquilla". Uno de los protagonistas es el teniente republicano Broseta, que en realidad es un peluquero.

    Mi abuelo no me habló demasiado del otro bando. Su hermano mayor sí que sirvió con la república. Había nacido en 1915 y fue movilizado antes que él. Estuvo de camillero en algún lado, pero no se mucho más. Parece que como veía mal fue desmovilizado, pero eso implicó que el tercero -nacido en 1919- fue movilizado en 1939. Por suerte para é la guerra terminó antes de que completase el entrenamiento.

    Saludos.

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  12. Vaya, pues tu abuelo y el mio igual se encontraron en el frente de Huesca, aunque a mi abuelo le pilló en el otro bando y nunca pude preguntarle mucho por la guerra. Como curiosidad, mi abuelo tuvo que realizar 3 servicios militares: Uno antes, despues otro con la movilizacion y tras la guerra y tras salir de la carcel, y por complicaciones burocraticas, se le solicitó que se incorporara de nuevo.

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  13. el abuelo de mi novia entro en servicio por aquella zona, durante los primeros dias de la batalla del ebro, coincide en muchísimo con tu relato, como en lo respectivo a los moros, decia de estos que se les permitía cierta rienda suerta a la hora del saqueo sobre todo con los presos, esto lo dijo en una entrevista que le hicieron en la que le preguntaron sobre la fama de los regulares y sobre las violaciones, sobre esto último dijo que se tenía mucho cuidado con que estas no pasaran y que los castigos eran seberos al respecto, salvo por esto no hablaba excesivamente mal de los moros dejando entre ver que lo normal era que saqueasen a prisioneros y luego vendiesen en mercadillos que montaban en los campamentos, en los que decía que vendían unas botas muy buenas que tenía los republicanos asín como oros, cadenas, anillos etc. También decía que la disciplina en la legión era durísima y lo ponía en comparación con los regulares, estuvo en el cuerpo de ejercito de Gacía Valiño, estaba creo que era en la 82 división, y decía que recuerda muy bién a la primera de navarra, la cual tenía muy buena fama, igualmente recuerda que una vez salieron los navarros "a ostias" con una bandera de falange de león, también tenía mucha admiración por el tercio de la legión decía respecto a estos que eran todos hombres hechos y que comían siempre con los de su batallón, que era en teoría de voluntarios de lugo aunque cuando llegó el ya estaba todo ocupado por quintas, y era, según él, el único batallón que no era de voluntarios bajo el mando de Valiño, de los legionarios decía también que le obligaron a hacerse un tatuaje, muy feo por cierto, en el brazo con el nombre de su primera mujer, tengo mucha mas información al respecto como vivencias de el durante la batalla de ebro y la ofensiva sobre cataluña, un saludo! y muy buena la información sobre las vivencias de tu abuelo!

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  14. Hola Francisco José. Gracias por el comentario. Si tienes un rato comparte las vivencias del Ebro. Fue una batalla terrible, hace tiempo La Vanguardia publicó una entrevista con un soldado de la quinta del biberón y era realmente emotivo.

    Saludos.

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    1. pronto escribiré algo, el hombre falleció hace año y medio, tenía una memoria magnífica y se acordaba de oficiales, batallones etc, además no tenía problema en hablar sobre la guerra, antes de dejarnos dejo una entrevista grabada de tres horas que quiero volver a escuchar, en ella hablaba sobre su llegada al ebro la ofensiva de cataluña, además de la lucha contra el maquis ya aquí en mi tierra córdoba, después de la guerra, creo que su servicio militar duro casi 7 años, una cosa icreible. Lo dicho ya escribiré algo de maneras mas pausada, por cierto lo que mas me impresionó del Ebro fué la cantidad de bajas que sufrieron decía que de su batallón de 800 soldados quedaron 27 los demás, muertos, heridos de muy diversa consideración y algunos apresados. un saludo y ya iré escribiendo!

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  15. Hola francisco josé

    No olvides pasarme un enlace sobre sus vivencias. Estaría muy interesado en leerlas.

    Saludos.

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