Hace unas semanas se cumplieron 10 años del Brexit. Por motivos evidentes los partidarios no lo han recordado ni celebrado, y es que desde entonces el país ha sufrido una inestabilidad desconocida hasta ahora. Desde 2016 ha habido 7 primeros ministros, y la economía no termina de despegar. Tampoco se han materializado las promesas de “recuperar el control de las fronteras”, y la salida de personas de la UE ha empeorado el problema de falta de mano de obra.
Tampoco se puede olvidar las pegas que los ciudadanos británicos tienen ahora para viajar o residir en la UE, o el tiempo y dinero invertido en renegociar nuevos acuerdos de comercio.
El periódico británico The Independent ha entrevistado al exprimer ministro John Major, que siguió a Margaret Thatcher. Siempre ha sido un defensor de la permanencia en la UE, y en esta entrevista explica las consecuencias de la salida, así como las ventajas de ser miembro. Reconoce que no es sencillo entender todas las normas y reglas de la UE, algo que ni siquiera el logró, a pesar de viajar en innumerables ocasiones a Bruselas.
7-7-2016
Desde hace varios días un buen número de personas me ha preguntado por el “Brexit”, el referéndum organizado en el Reino Unido sobre la conveniencia de seguir en la Unión Europea (UE). Este artículo es simplemente una suma de mis impresiones y opiniones. Desde que el “sí” a abandonar la UE ganase contra todo pronóstico, mucha gente se ha preguntado qué pasara en este país.
La idea de organizar un referéndum se remonta a las elecciones generales del 2015. El candidato conservador y actual primer ministro, David Cameron, tenía mucha presión del partido UKIP (United Kingdom Independence Party) en lo referido a inmigración y UE. Su líder, Nigel Farage, había sido el candidato más votado en las elecciones europeas del 2014, y los conservadores temían que les arrebatase una parte de los votos en las elecciones generales. Las encuestas no daban una mayoría clara a los conservadores, que habían gobernado en coalición con los liberales en la anterior legislatura.
Cameron decidió prometer una negociación con la UE y un nuevo tratado, que sería votado en un referéndum. Esto permitiría negociar algunos aspectos como control de fronteras y ayudas a inmigrantes.
La estrategia funciono. El partido conservador logró una mayoría absoluta. Los laboristas y liberales se hundieron. UKIP no logró el éxito esperado, y el sistema de votos en el Reino Unido le perjudicó enormemente, por lo que sólo lograron un representante en la Cámara de los Comunes (House of Commons).
Tras las elecciones Cameron negoció con la UE un nuevo tratado. Los principales temas eran las ayudas a inmigrantes, integración de países y control de fronteras. En mayo se firmaron los nuevos acuerdos. Ambas partes quedaron satisfechas, y así lo anunció Cameron. La fecha del referéndum sería el 23 de junio
Desde un primer momento mucha gente vio con incomodidad este referéndum. Algunas cesiones dieron mucho que hablar. Los expatriados británicos y residentes de la UE no iban a tener derecho a voto. Tampoco se fijó un mínimo porcentaje de participación o de diferencia entre las opciones.
Merece la pena recordar que el gobierno ya había organizado un referéndum en Escocia sobre la opción se seguir en el Reino Unido. En aquel momento se pensó que el “no” ganaría con facilidad, pero el resultado final fue muy reñido. La independencia estuvo cerca de ganar.
La campaña del Brexit se aceleró en las últimas semanas. Los partidarios estaban representados principalmente por Nigel Farage y dos políticos conservadores. Boris Johnson y Michael Gove. El primero es muy famoso por haber sido alcalde de Londres. El segundo fue ministro de educación.
La campaña del salir se basó en dos argumentos:
- El gobierno británico pagaba 350 millones de £ a la semana a la UE. En caso de salir, esta cifra iría a hospitales y seguridad social (NHS).
- Una salida permitiría al Reino Unido recuperar el control de sus fronteras.
Los partidarios del seguir mantuvieron un perfil mucho más bajo. Al líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, apenas se le vio. David Cameron hizo varios llamamientos y algunos actos al final, pero poco más. Muchas personas con la que pude hablar se quejaron de que no se había informado bien de las ventajas e inconvenientes de cada opción.
Todos los sondeos publicados poco antes del voto daban la victoria a la opción se seguir, aunque por un margen estrecho. Cuando vi los resultados por la mañana me quedé asombrado. Donde resido ganó la opción de seguir con un 70% de los votos, pero en casi toda Inglaterra había ganado el Brexit. Al día siguiente la atmósfera donde trabajo (una empresa internacional) era de incredulidad. Cameron ya había anunciado que en octubre dimitiría, y nadie estaba seguro de lo que iba a pasar.
A medida que pasaban las horas se desató la indignación de muchos. A las pocas horas del Brexit Farage anunció que no podía garantizar que esos 350 millones semanales fuesen a la NHS, añadiendo que eso lo habían dicho los conservadores y que no era correcto. Como se ha dicho más arriba, este punto fue uno de los más repetidos en la campaña. Unos días después Boris Johnson declaró que los residentes de la UE estarían completamente protegidos. Esto significaba que la otra gran promesa del Brexit tampoco se iba a cumplir.
El referéndum ha abierto una caja de Pandora. En Gales e Inglaterra el Brexit ganó, pero Irlanda del Norte y Escocia votaron a favor de seguir. El gobierno escocés ya había dicho que pediría otro referéndum de independencia si el resultado en Escocia era diferente. Irlanda del Norte no quiere ver perjudicadas sus relaciones con la República de Irlanda y podría pedir un referéndum para unirse.
El partido conservador está sin líder. Todo apunta a que Theresa May sustituirá a Cameron. Boris Johnson ha quedado fuera de la sucesión porque Michael Gove ha maniobrado contra él. El siempre discutido Corbyn está contra las cuerdas. O sea, que no hay ni primer ministro ni jefe de la oposición.
Desde entonces se han escrito miles de artículos sobre el tema. La prensa española ha sido muy crítica con Cameron, al que se le ha descrito como el peor ministro en la historia del Reino Unido. Básicamente trasladó un problema de su partido a la ciudadanía.
Mi opinión es que el referéndum no se debería haber organizado. La mayoría de representantes (2/3) de la Cámara de los Comunes estaba a favor de seguir en la UE. Los tratados de la UE son largos y complejos, y no se puede esperar que el ciudadano común los conozca a la perfección. Cuando he hablado sobre las ventajas e inconvenientes de la UE el debate se ha desviado a cómo funciona la UE, porque hay gente que lo sabe muy bien. Muchos han resaltado que una de las búsquedas más comunes en internet tras el Brexit fue “¿Qué es la UE?”.
Un buen ejemplo es Turquía. Algunas personas defendían salir porque Turquía iba a entrar y diez millones de trabajadores vendrían al Reino Unido. La realidad es que este país lleva décadas negociando su entrada, pero es complicado que se produzca. Con casi 75 millones de habitantes rompería el equilibro de poder, y los avances en derechos humanos se han estancado. Además, el Reino Unido podría vetar la entrada. Para que un país entre en la UE, debe tener el apoyo de todos los miembros. Incluso si entrase se podría limitar el libre derecho de circulación, como se hizo con Rumanía y Bulgaria.
Estos referéndums también tienen un problema evidente. Es mucho más fácil defender la opción desconocida que la de seguir. Los primeros pueden prometer cualquier cosa, mientras que los segundos defienden que no haya grandes cambios. Este caso no ha sido el único. En diciembre de 1991 el presidente ucraniano Leonid Kravchuk afirmó que en 10 años Ucrania estaría entre los países más ricos de la UE, el segundo después de Francia. El estado de la economía ucraniana desde hace 25 años es de sobra conocido. En Escocia se repitió un poco lo mismo. Los partidarios de la independencia ni sabían la moneda que utilizarían en caso de ganar. Incluso en España se ha vivido algo parecido con algunos datos económicos ofrecidos por Oriol Junqueras para justificar la independencia.
Las negociaciones para abandonar la UE pueden durar hasta dos años. El nuevo primer ministro va a tener tela que cortar. Tiene que negociar un nuevo acuerdo con la UE y dar respuestas a las peticiones de Escocia e Irlanda del Norte. Es evidente que no había un plan en caso de Brexit porque los partidarios llevan días desaparecidos.
Mi impresión es que las cosas finalmente no cambiarán demasiado. La UE ha dicho de manera clara de que un tratado de libre comercio implicará libre circulación de personas. Los gobiernos españoles y británicos han informado de que los derechos de los residentes no cambiarán. Noruega y Suiza tienen acuerdos similares.
Muchos se han preguntado ¿Se puede dar marcha atrás? Técnicamente sí. El referéndum no era vinculante, y el nuevo gobierno podría no activar el artículo 50, que regula la salida de un miembro. El problema es que su reputación quedaría por los suelos.
También hay una petición de segundo referéndum, que ha alcanzado 3 millones de firmas. De nuevo, es poco probable que ocurra por las consecuencias políticas ¿Es ético repetir un referéndum porque ha salido lo que no querías? En este caso se sostiene más porque la campaña del Brexit estaba basada en datos que se demostraron incorrectos.
Una posible salida sería convocar elecciones. Es lo que ha propuesto Nick Clegg, antiguo líder de los liberales. Los partidos podrían presentar sus opciones en los programas, por lo que podría ser un “borrón y cuenta nueva”. Esta es la opción más realista, pero de momento no es evidente que vaya a suceder.




































