martes, 1 de abril de 2025

Until the Eyes Shut: Memories of a machine gunner on the Eastern Front, 1943-45, de A. Hartinger

Este libro se ofrece en formato Kindle a precio de saldo, y al no ser muy largo me animé a leerlo. Son las memorias del soldado Hans Kahr, escritas con la ayuda de su nieto. Kahr sirvió en 1944-45 como operador de ametralladora en la III Gebirgjager Division, una división de tropas de montaña. Participó en diversas batallas en Ucrania, Hungría y Checoslovaquia, y tras la guerra pasó un par de años en la URSS como prisionero de guerra.

Las memorias se han escrito a partir de un diario y conversaciones con su nieto. El estilo es simple y sencillo, pero me ha parecido un libro muy bien escrito. Kahr toca muchos temas, como la amistad, la dureza del frente o la difícil vuelta a la vida civil. También muestra de manera clara cómo envejece la guerra, y es que cuesta creer que apenas tuviese 18-19 años... él mismo se da cuenta cuando encuentra a un amigo de infancia que también sirve en Ucrania y se da cuenta que ha envejecido 10 años.

Kahr comienza el libro hablando de su niñez en Estiria, Austria. Provenía de una humilde familia de campesinos, considerada de clase baja en aquella época. Su padre era un veterano del Ejército de Austria-Hungría, habiendo luchado en el sitio de Przemysl e Italia. Como muchos otros niños, sentía fascinación por las historias de la guerra. El autor reconoce que la vida rústica y simple le ayudó en el Frente Este, ya que "los niños de ciudad" lo mucho pasaron peor.

Portada.

Índice.

En agosto de 1942 es llamado a filas, algo muy importante en la vida de un joven de la época. El ser rechazado era un estigma porque servir al Kaiser y tu país era un gran honor. Tras 4 meses de entrenamiento es enviado a Nikopol (Ucrania). De ahí una larga retirada hasta Checoslovaquia vía Rumanía y Hungría, participando en duros combates. Kahr describe diferentes episodios (combates, largas retiradas, falta de suministros) y va perdiendo la esperanza de lograr la victoria. Es llamativo ver cómo describe a soldados más jóvenes que él como niños, cuando apenas tiene 19 años.

Tras la guerra casi es fusilado por partisanos checoslovacos, y termina de prisionero en Gorki (Nizhny Novgorod). El autor cuenta algunas anécdotas, algunas llamativas, como que los prisioneros alemanes recibían más comida que los guardias al trabajar en una acería y lograr cuotas. Al contrario que otros veteranos, Kahr respeta a los soldados soviéticos, a los que considera excelentes soldados.

En resumen, un libro muy logrado para entender el horror de la guerra en el Frente Este desde la perspectiva de un soldado.

Fuentes y enlaces de interés:

- Until the Eyes Shut: Memories of a machine gunner on the Eastern Front, 1943-45, de A. Hartinger. Publicado de forma independiente en formato Kindle y tapa blanda (2019)
- Blood Red Snow: The Memoirs of a German Soldier on the Eastern Front, de Günter K. Koschorrek
- A Prisoner of Stalin: The Chilling Story of a Luftwaffe Pilot Shot Down and Captured on the Eastern Front, de Christian Huber y Gerhard Ehlert
- After Stalingrad: Seven Years as a Soviet Prisoner of War, de Adelbert Holl
- Life Can Be Cruel: The Story of a German P.O.W. in Russia, de R. R. Furmanski

4 comentarios:

  1. Era muy joven, pero el concepto de adolescencia se desarrolla luego de la segunda guerra mundial. Antes no había transición entre la infancia y la adultez.
    Buen resumen

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Exacto. En sociedades tradicionales había ritos de pasaje en que uno se convertía en adulto "de golpe", y en las modernas (a partir de la Revolución Francesa) el servicio militar lo reemplazó. Hoy en día en muchos países desarrollados, y en menos desarrollados también en la clase media alta urbana, no hay ni una cosa ni la otra y parece que gran parte de la población se queda en una adolescencia interminable.

      Eliminar
  2. Eso lo que discutido a veces con compañeros del trabajo. Antes los hermanos mayores en las familias tenían muchas más responsabilidades, y empezaban mucho más pronto que ahora a ayudar (aparte de que las familias hoy en día son mucho más pequeñas y no es tan necesario).

    El otro día en España se debatía si a la gente de 40 años se le debía incluir en los programas de ayuda a la juventud, lo que es un buen ejemplo de esa adolescencia interminable a la que Carlo hace mención.

    ResponderEliminar
  3. Leer tu reseña me hizo recordar las novelas de Sven Hassel.
    Fueron una gran compañía durante mi adolescencia (que duró "apenas" hasta los veinte).
    La camaradería, los horrores de la guerra, el desprecio por el alto mando (que era mutuo en la mayoría de los casos) y el humor como gran salvador de la cordura.

    ResponderEliminar