El portal KSDU media ha publicado una entrevista con el antiguo comandante de las FFAA ucranianas, y actual embajador en Londres, Valerii Zaluzhnyi. Sus impresiones son siempre interesantes por lo que merece la pena recogerlas en una entrada.
El antiguo orden mundial, que se basaba en reglas y en el poder que lo sustentaba, ha terminado (lo ha dicho ya en varias ocasiones). Fue destruido gradualmente después de la guerra en Georgia en 2008. Por lo tanto, era solo cuestión de tiempo antes de que los conflictos se extendieran a otras partes del mundo.
Debido al progreso científico y tecnológico, se ha vuelto imposible, independientemente de lo que afirmen otros, llevar a cabo misiones operacionales. Una misión operacional no es una lucha por dos casas o incluso por un pequeño pueblo a lo largo de un año. La ejecución operacional implica lograr resultados a gran escala en un corto período de tiempo, avanzando 150, 200, incluso 250 kilómetros. Hoy en día, eso ya no es posible. Debido a los avances tecnológicos, tales resultados son prácticamente inalcanzables.
Las afirmaciones sobre grandes ganancias territoriales suenan hoy poco realistas, casi imposibles en las condiciones actuales, salvo quizás mediante medios totalmente automatizados y mecanizados.
Las mismas limitaciones se aplican a Rusia. No pueden concentrar fuerzas ni formar un grupo de ataque decisivo capaz de avances rápidos y profundos. Técnicamente, esto ya no es factible. El campo de batalla se ha vuelto transparente. Cualquiera que aparezca es detectado y atacado.
La guerra ha llegado a una especie de punto muerto, un zugzwang, para ambos bandos. Lo que sucede en el frente es importante, pero no decisivo. Más importante aún es lo que sucede más allá de la llamada zona de combate, en todo el territorio nacional, extendiéndose hasta las fronteras occidentales.
Lo que estamos presenciando es una revolución tecnológica a gran escala, impulsada principalmente por el auge de la inteligencia artificial. Este es el factor clave que transformará el futuro orden mundial.
Al mismo tiempo, sigue siendo difícil predecir cómo será realmente ese orden. Resulta complicado pensar como un futurista en este contexto, ya que, hasta ahora, no hay un líder claro en esta carrera tecnológica, ningún actor único en torno al cual pueda consolidarse un nuevo sistema.
En cambio, están surgiendo ideas potencialmente peligrosas. Muchos conocen a Elon Musk y los debates en torno al llamado «tecnofascismo».
En términos sencillos, esto apunta a un posible futuro en el que un pequeño número de empresas tecnológicas extremadamente poderosas ejerzan un control desproporcionado sobre los sistemas globales.
Si se traslada al ámbito militar, esta lógica se vuelve aún más evidente. Desde una perspectiva puramente operativa, un pequeño grupo de actores privados altamente capacitados podría ser suficiente para imponer el orden en un entorno tecnológicamente avanzado, controlando así, de hecho, un escenario de batalla cada vez más digital.
En este sentido, el futuro orden mundial dependerá en gran medida de cómo los Estados y las sociedades afronten este salto tecnológico.
Fuentes y enlaces de interés:
- Resumen en inglés: https://x.com/revishvilig/
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